Recien llego del acto escolar llevado a cabo en la escuela donde trabajo todas las semanas.
Recordé ,por un momento, los actos de mis años de estudiante secundario.
La profesora de música, sentada al piano ejecutaba las marchas escolares de cada ocación mientras todos cantábamos a su alrededor.
Hoy, naturalmente, las innovaciones tecnológicas, cedieron paso al reproductor de DVD, en los actos escolares.
Ya no hay profesoras de música. En ninguna escuela, o en las que se pueden contar con los dedos de una mano, se puede encontrar un viejo piano vertical que ya no toca nadie.
Los chicos no cantan con entusiasmo. O directamente no cantan.
¿Por qué cambiamos?
¿Por qué la escuela no se resistió a esos cambios?
Los chicos perdieron, o nunca conocieron, los compositores argentinos de nuestra música popular, que se enseñaban y se cantaban en la clase de música. Así, se renunció a ese espacio.
¡Al menos que conozcan que somos un pueblo con tradiciones ! Después que ellos elijan lo que más les guste.
Pero la escuela perdió ese protagonismo de educar. No resistió el embate del MP3, del teléfono celular prendido durante la hora de dictado de clase, de los auriculares colgando de las orejas.
El espacio curricular, antes llamado "MUSICA", fue eemplazado por "EMPRENDIMIENTOS PRODUCTIVOS" u otros contenidos quizás, igualmente inútiles y a los que pocas veces prestan atención.
Pareciera que la era de la "contencion" se está extralimitando. Contener y subsidiar con ayuda económica al educando puede dar buenos resultados. Veremos. En el resultado final aún no se refleja. No tenemos alumnos más capacitados. Más educados. Que verdaderamente se note que pasaron alguna vez por las aulas.
Al menos yo, no lo veo.
Lo que no quiere decir que no tenga confianza en ellos. Siempre debemos confiar en la juventud.
Pero nosotros estamos equivocados. El "doble discurso" es pernicioso. Nos confunde a todos. A ellos tambien. Y se les nota mucho cuando tienen que hablar frente a diferentes interlocutores. Dicen una cosa...pero hacen otra diferente.
No compartimos ,socialmente, los mismos valores. Nos cuesta trabajo terminar de decidir "que es lo que está bien", y "que es lo que está mal" para todos.
Quizás nos falten líderes.
El líder que, con su ejemplo, nos diga por donde es el camino. El camino de esos valores que nos ayudan a una mejor convivencia y a mejorar sin duda, nuestras relaciones humanas.
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