La empleada de la biblioteca de la Escuela notó que faltaba un libro. Se lo hizo saber al profesor que los había retirado para trabajar en el aula y ahí comenzó esta historia.
Un alumno se quedó con el libro. No lo devolvió. Nunca se supo quien había sido.
-"No importa"- dijo la Directora al enterarse.-"Un libro no es nada"- continuó diciendo para dar por cerrado el caso. "Vos continua con tu trabajo"- le indicó al profesor.
Grave error. Esa era la oportunidad para entrar al aula y corregir una actitud censurable. Deplorable. Porque la Escuela presta los libros sin inconvenientes. Y los libros son de todos.
La lectura de esta actitud de la Directora, reprochable por su falta de compromiso, es que, para los alumnos, el que se quedó con un libro de la Biblioteca no tiene culpa.
A los pocos días, y en la misma aula, a una alumna le robaron el teléfono celular.
sábado, 14 de abril de 2012
LA EDUCACIÓN DE LA IMPUNIDAD
Hace no mucho tiempo, un Gobernador de la Provincia dijo: "la ley comienza a respetarse en la Escuela".
Buena reflexión. Sobre todo porque la Escuela es, con su educación, vehículo de transformaciones. O de estancamiento.
Cada vez más se nos hace imperioso compartir valores socialmente. A partir de entonces, todos nos alineamos en una conducta a seguir. Es perceptible que la sociedad no tolera la impunidad. Lo vemos a diario. Tiene una sensación, correcta o no, de vivir en un sistema injusto. Quizás necesitemos también un "nuevo trato" social.
La Escuela no está comprometida en un proyecto de esta naturaleza. Simplemente porque no educa valores. No corrige actitudes que nos perjudican, a la postre, a todos por igual. Y no lo hace, quizás, porque se siente sola. No tiene aliados. "Yo salvo mi ropa", se le escuchó decir a un Director de Escuela que tenía que decidir la aplicación o no, de una sanción disciplinaria.
Nadie se quiere "hacer cargo". Tienen miedo. Prevalece cuidar el empleo y llegar a jubilarse en el.
No emprender cruzadas de incierto desenlace.
Entonces, adentro de la Escuela, se demuestra que las acciones incorrectas, o no son sancionadas, o la sanción es tardía y por lo tanto, inútil. Sólo reviste una formalidad.
El mensaje es muy claro : "no pasa nada". Es que "no puede" pasar nada. Porque el "sistema", hoy, funciona de esa manera. Sin Compromiso. Una cosa es lo que se habla. Otra cosa es lo que se hace.
Y la sociedad está cansada de ese doble discurso constante. Genera irritación. Bronca. Aunque haga poco por cambiarlo. Termina conviviendo con él.
Buena reflexión. Sobre todo porque la Escuela es, con su educación, vehículo de transformaciones. O de estancamiento.
Cada vez más se nos hace imperioso compartir valores socialmente. A partir de entonces, todos nos alineamos en una conducta a seguir. Es perceptible que la sociedad no tolera la impunidad. Lo vemos a diario. Tiene una sensación, correcta o no, de vivir en un sistema injusto. Quizás necesitemos también un "nuevo trato" social.
La Escuela no está comprometida en un proyecto de esta naturaleza. Simplemente porque no educa valores. No corrige actitudes que nos perjudican, a la postre, a todos por igual. Y no lo hace, quizás, porque se siente sola. No tiene aliados. "Yo salvo mi ropa", se le escuchó decir a un Director de Escuela que tenía que decidir la aplicación o no, de una sanción disciplinaria.
Nadie se quiere "hacer cargo". Tienen miedo. Prevalece cuidar el empleo y llegar a jubilarse en el.
No emprender cruzadas de incierto desenlace.
Entonces, adentro de la Escuela, se demuestra que las acciones incorrectas, o no son sancionadas, o la sanción es tardía y por lo tanto, inútil. Sólo reviste una formalidad.
El mensaje es muy claro : "no pasa nada". Es que "no puede" pasar nada. Porque el "sistema", hoy, funciona de esa manera. Sin Compromiso. Una cosa es lo que se habla. Otra cosa es lo que se hace.
Y la sociedad está cansada de ese doble discurso constante. Genera irritación. Bronca. Aunque haga poco por cambiarlo. Termina conviviendo con él.
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