¡ CÓMO CUESTA HACERNOS CARGO !
Tan difícil como pedir perdón, decir gracias, o pedir permiso, y otras formas nobles de relacionarse con los demás. Hacerse cargo de un error o, simplemente de una culpa propia sin el menor intento de buscar una excusa para compartir la falta con el otro y, por lo tanto, intentar minimizar la responsabilidad propia en un error cometido.
La responsabilidad de la Secretaria de la Escuela por un error en la confección del contralor que ocasionó que un miembro de la comunidad no cobre el sueldo a fin de mes, o sufra un descuento, no admite ninguna excusa. Te equivocaste y basta. Pedí disculpa, asumí tu error y ponete a trabajar para que el damnificado recupere el dinero que no cobró a fin de mes hasta que tenga lugar el reintegro. Te lleve el trabajo que te lleve. En definitiva fue culpa tuya y no del otro. No des más vueltas.
Similar actitud equivocada e irresponsable es la jocosa frase : "no se firmar" o "no vengas ahora que estoy ocupada" , para así intentar deslindar una responsabilidad que es propia de la función asumida y por la cual se obtuvo la designación en ese cargo.
La función implica tomar decisiones y si no, para que se llaman "funciones jerárquicas". Dar la espalda (no en sentido literal, sino dar la espalda al interlocutor que está esperando del "funcionario" la respuesta a un problema puntual) es una habitual costumbre para escapar de una metida de pata que dio lugar a un problema que requiere una solución sin titubeos.
¿Por qué no se los prepara adecuadamente para trabajar con eficiencia? ¿Cuántos problemas evitables se ahorrarían? ¿Cómo fueron escogidos para asumir responsabilidades y conflictos? ¿Cuánto mejor funcionaría la Organización Escuela con personal idóneo, capacitado, y no sólo un equipo de "amigos"?. Porque los equipos de amigos, en circunstancias, funcionan como "encubridores de errores" o "pactos de silencio".
Las conductas de trabajo, formadas en ese contexto, tienen protección. Y, a veces, inmunidad. Pueden seguir trabajando mal.
La señora portera no puede resolver todos los problemas que no le corresponden resolver a ella. Pero, a veces, pone mejor actitud cuando se le hace una pregunta de trabajo.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
sábado, 14 de abril de 2012
ROBAR UN LIBRO
La empleada de la biblioteca de la Escuela notó que faltaba un libro. Se lo hizo saber al profesor que los había retirado para trabajar en el aula y ahí comenzó esta historia.
Un alumno se quedó con el libro. No lo devolvió. Nunca se supo quien había sido.
-"No importa"- dijo la Directora al enterarse.-"Un libro no es nada"- continuó diciendo para dar por cerrado el caso. "Vos continua con tu trabajo"- le indicó al profesor.
Grave error. Esa era la oportunidad para entrar al aula y corregir una actitud censurable. Deplorable. Porque la Escuela presta los libros sin inconvenientes. Y los libros son de todos.
La lectura de esta actitud de la Directora, reprochable por su falta de compromiso, es que, para los alumnos, el que se quedó con un libro de la Biblioteca no tiene culpa.
A los pocos días, y en la misma aula, a una alumna le robaron el teléfono celular.
Un alumno se quedó con el libro. No lo devolvió. Nunca se supo quien había sido.
-"No importa"- dijo la Directora al enterarse.-"Un libro no es nada"- continuó diciendo para dar por cerrado el caso. "Vos continua con tu trabajo"- le indicó al profesor.
Grave error. Esa era la oportunidad para entrar al aula y corregir una actitud censurable. Deplorable. Porque la Escuela presta los libros sin inconvenientes. Y los libros son de todos.
La lectura de esta actitud de la Directora, reprochable por su falta de compromiso, es que, para los alumnos, el que se quedó con un libro de la Biblioteca no tiene culpa.
A los pocos días, y en la misma aula, a una alumna le robaron el teléfono celular.
LA EDUCACIÓN DE LA IMPUNIDAD
Hace no mucho tiempo, un Gobernador de la Provincia dijo: "la ley comienza a respetarse en la Escuela".
Buena reflexión. Sobre todo porque la Escuela es, con su educación, vehículo de transformaciones. O de estancamiento.
Cada vez más se nos hace imperioso compartir valores socialmente. A partir de entonces, todos nos alineamos en una conducta a seguir. Es perceptible que la sociedad no tolera la impunidad. Lo vemos a diario. Tiene una sensación, correcta o no, de vivir en un sistema injusto. Quizás necesitemos también un "nuevo trato" social.
La Escuela no está comprometida en un proyecto de esta naturaleza. Simplemente porque no educa valores. No corrige actitudes que nos perjudican, a la postre, a todos por igual. Y no lo hace, quizás, porque se siente sola. No tiene aliados. "Yo salvo mi ropa", se le escuchó decir a un Director de Escuela que tenía que decidir la aplicación o no, de una sanción disciplinaria.
Nadie se quiere "hacer cargo". Tienen miedo. Prevalece cuidar el empleo y llegar a jubilarse en el.
No emprender cruzadas de incierto desenlace.
Entonces, adentro de la Escuela, se demuestra que las acciones incorrectas, o no son sancionadas, o la sanción es tardía y por lo tanto, inútil. Sólo reviste una formalidad.
El mensaje es muy claro : "no pasa nada". Es que "no puede" pasar nada. Porque el "sistema", hoy, funciona de esa manera. Sin Compromiso. Una cosa es lo que se habla. Otra cosa es lo que se hace.
Y la sociedad está cansada de ese doble discurso constante. Genera irritación. Bronca. Aunque haga poco por cambiarlo. Termina conviviendo con él.
Buena reflexión. Sobre todo porque la Escuela es, con su educación, vehículo de transformaciones. O de estancamiento.
Cada vez más se nos hace imperioso compartir valores socialmente. A partir de entonces, todos nos alineamos en una conducta a seguir. Es perceptible que la sociedad no tolera la impunidad. Lo vemos a diario. Tiene una sensación, correcta o no, de vivir en un sistema injusto. Quizás necesitemos también un "nuevo trato" social.
La Escuela no está comprometida en un proyecto de esta naturaleza. Simplemente porque no educa valores. No corrige actitudes que nos perjudican, a la postre, a todos por igual. Y no lo hace, quizás, porque se siente sola. No tiene aliados. "Yo salvo mi ropa", se le escuchó decir a un Director de Escuela que tenía que decidir la aplicación o no, de una sanción disciplinaria.
Nadie se quiere "hacer cargo". Tienen miedo. Prevalece cuidar el empleo y llegar a jubilarse en el.
No emprender cruzadas de incierto desenlace.
Entonces, adentro de la Escuela, se demuestra que las acciones incorrectas, o no son sancionadas, o la sanción es tardía y por lo tanto, inútil. Sólo reviste una formalidad.
El mensaje es muy claro : "no pasa nada". Es que "no puede" pasar nada. Porque el "sistema", hoy, funciona de esa manera. Sin Compromiso. Una cosa es lo que se habla. Otra cosa es lo que se hace.
Y la sociedad está cansada de ese doble discurso constante. Genera irritación. Bronca. Aunque haga poco por cambiarlo. Termina conviviendo con él.
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