miércoles, 19 de diciembre de 2012

                                ¡ CÓMO CUESTA HACERNOS CARGO !


Tan difícil como pedir perdón, decir gracias, o pedir permiso, y otras formas nobles de relacionarse con los demás. Hacerse  cargo de un error o, simplemente de una culpa propia sin el menor intento de buscar una excusa para compartir la falta con el otro y, por lo tanto, intentar minimizar la responsabilidad propia en un error cometido.

La responsabilidad de la Secretaria de la Escuela por un error en la confección del contralor que ocasionó que un miembro de la comunidad no cobre el sueldo a fin de mes, o sufra un descuento, no admite ninguna excusa. Te equivocaste y basta. Pedí disculpa, asumí tu error y ponete a trabajar para que el damnificado recupere el dinero que no cobró a fin de mes hasta que tenga lugar el reintegro. Te lleve el trabajo que te lleve. En definitiva fue culpa tuya y no del otro. No des más vueltas.

Similar actitud equivocada e irresponsable es la jocosa frase : "no se firmar" o "no vengas ahora que estoy ocupada" , para así intentar deslindar una responsabilidad que es propia de la función asumida y por la cual se obtuvo la designación en ese cargo.

 La función implica tomar decisiones y si no, para que se llaman "funciones jerárquicas". Dar la espalda (no en sentido literal, sino dar la espalda al interlocutor que está esperando del "funcionario" la respuesta a un problema puntual) es una habitual costumbre para escapar de una metida de pata que dio lugar a un problema que requiere una solución sin titubeos.

 ¿Por qué no se los prepara adecuadamente para trabajar con eficiencia? ¿Cuántos problemas evitables se ahorrarían? ¿Cómo fueron escogidos para asumir responsabilidades y conflictos? ¿Cuánto mejor funcionaría la Organización Escuela con personal idóneo, capacitado, y no sólo un equipo de "amigos"?. Porque los equipos de amigos, en circunstancias, funcionan como "encubridores de errores" o "pactos de silencio".
Las conductas de trabajo, formadas en ese contexto, tienen protección. Y, a veces, inmunidad. Pueden seguir trabajando mal.

La señora portera no puede resolver todos los problemas que no le corresponden resolver a ella. Pero, a veces, pone  mejor actitud cuando se le hace una pregunta de trabajo.

sábado, 14 de abril de 2012

ROBAR UN LIBRO

La  empleada de la biblioteca de la Escuela notó que faltaba un libro. Se lo hizo saber al profesor  que los había retirado para trabajar en el aula y ahí comenzó  esta historia.
Un alumno se quedó con el libro. No lo devolvió. Nunca se supo quien había sido.
-"No importa"- dijo la Directora al enterarse.-"Un libro no es nada"- continuó diciendo para dar por cerrado el caso. "Vos continua con tu trabajo"- le indicó al profesor.
Grave error. Esa era la oportunidad para entrar al aula y corregir una actitud censurable. Deplorable. Porque la Escuela presta los libros sin inconvenientes. Y los libros son de todos.
La lectura de esta actitud  de la Directora, reprochable por su falta de compromiso, es que, para los alumnos, el que se quedó con un libro de la Biblioteca no tiene culpa.
A los pocos días, y en la misma aula, a una alumna le robaron el teléfono celular.

LA EDUCACIÓN DE LA IMPUNIDAD

Hace no mucho tiempo, un Gobernador de la Provincia dijo: "la ley comienza a respetarse en la Escuela".
Buena reflexión. Sobre todo porque la Escuela es, con su educación, vehículo de transformaciones. O de estancamiento.
 Cada vez más se nos hace imperioso compartir valores socialmente. A partir de entonces, todos nos alineamos en una conducta a seguir. Es perceptible que la sociedad no tolera la impunidad. Lo vemos a diario. Tiene una sensación, correcta o no, de vivir en un sistema injusto. Quizás necesitemos también un "nuevo trato" social.
La Escuela no está comprometida en un proyecto de esta naturaleza. Simplemente porque no educa valores. No corrige actitudes que nos perjudican, a la postre, a todos por igual. Y no lo hace, quizás, porque se siente sola. No tiene aliados. "Yo salvo mi ropa", se le escuchó decir a un Director de Escuela que tenía que decidir la aplicación o no, de una sanción disciplinaria.
Nadie se quiere "hacer cargo". Tienen miedo. Prevalece cuidar el empleo y llegar a jubilarse en el.
No emprender cruzadas de incierto desenlace.
Entonces, adentro de la Escuela, se demuestra que las acciones incorrectas, o no son sancionadas, o la sanción es tardía y por lo tanto, inútil. Sólo reviste una formalidad.
El mensaje es muy claro : "no pasa nada". Es que "no puede" pasar nada. Porque el "sistema", hoy, funciona de esa manera. Sin Compromiso. Una cosa es lo que se habla. Otra cosa es lo que se hace.
Y la sociedad está cansada de ese doble discurso constante. Genera irritación. Bronca. Aunque haga poco por cambiarlo. Termina conviviendo con él.

lunes, 12 de diciembre de 2011

El Cuaderno de Comunicaciones

Cuando yo estaba en el colegio secundario no existía el cuaderno de comunicaciones. Mis padres y yo conocíamos las notas de la escuela cuando nos entregaban el boletín de calificaciones. No hacía falta más. No era necesario ningún seguimiento de nuestro desempeño escolar. El profesor ponía la nota que el consideraba justa y apropiada a mi desempeño y eso era suficiente. Los padres no se quejaban ante la escuela. Los alumnos tampoco.
Hoy ha cambiado. Los padres preguntan -"¿Por qué mi hijo se lleva su materia?", los alumnos tambien preguntan: -"¿ por qué me la llevo, si yo hice todo?".
Posiblemente, ante los reclamos que se han instalado como un hábito de situaciones que son bien conocidas por padres y alumnos, el sistema escolar instauró el cuaderno de comunicaciones.
Con esta modalidad, te aviso lo que está ocurriendo durante el año para que no te tome de sorpresa cuando llega la hora de poner las notas definitivas.
Anticipar el naufragio puede ser útil siempre y cuando se tomen las medidas correctivas a tiempo.
Una alumna me dijo una vez: " por culpa suya no me dejaron ir a bailar el sábado".
El cuaderno de comunicaciones sirvió en este caso, porque los padres vieron una mala nota y actuaron. Tomaron conocimiento. Supe que el aviso había sido comprendido en la casa. Al final del año la alumna había aprobado.
Pero en la mayoría de los casos no se dá esta situación. ¿Por qué?
Cuando el alumno sabe que vá a recibir una nota desfaborable, miente. "-Me olvidé el cuaderno en casa". Suele ser la excusa más utilizada. A veces es cierto. Pero en la mayoría de los casos no. Es así que se han registrado alumnos que no poseen las notas en sus cuadernos. Lo ocultan. otras veces "lo pierden" y deben comprar otro ya avanzado el ciclo lectivo. Con lo cual el registro de notas tambien se perdió y los padres se enteran a fin de año que el hijo se lleva la materia.
En el peor de los casos, los padres no se notifican de las notas. Posiblemente porque los hijos le ocultan el cuaderno. Otras veces porque los mismos padres no se los piden. Así, hay cuadernos con notas que nunca fueron firmadas por los padres. Cuando se enteran de las malas noticias, por lo general, ya es tarde.
Así funciona. Y así nace un nuevo problema que en mis tiempos de estudiante no existía. Y no existía porque el alumno se hacía cargo de su desempeño. Hoy no.
Hoy el alumno sabe que no trabajó en el aula. Que no cumplió metas y objetivos. Que no le alcanza para aprobar. Pero exige que la escuela lo apruebe. Y para eso buscará cualquier excusa. Pero nunca se hará cargo de su desempeño. Porque fueron educados en esa actitud. Se les enseñaron muy bien sus derechos. Pero omitieron recordarles sus obligaciones y responsabilidades escolares. Esto explica una parte del fracaso escolar y la deserción. Creyeron que la escuela era otra cosa. Que los contenía (como se dice ahora). Y en parte tambien, quizás tengan una cuota de razón : les mintieron desde el inicio de su vida escolar.
 Nada se consigue sin esfuerzos.
 La nueva educación no enseñó este viejo consejo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

La pedagogía de la castración

¡Pobrecito el nene!....
Se me ocurre que eso es lo que deben pensar los creadores de una pedagogía que pasó de ser "facilitadora" de los aprendizajes a ser "castradora" de posibles talentos infantiles o adolescentes al instalar el pre-juicio de pensar que "esto es muy difícil para él". Subestimando las potencialidades que pueden llegar a estar latentes en el interior de cualquier alumno que está en cualquier etapa de sus estudios.
"Ayudar", no es lo mismo que "regalar". El esfuerzo de aprender es benigno para su personalidad. Es comprender que "es difícil, pero se puede". El resultado obtenido a partir de la curiosidad por lo que se está abordando hasta llegar al momento del descubrimiento de aquello que se buscaba, es un momento de placer y satisfaccción. De saber que lo puede lograr. Que lo ha alcanzado con éxito. Que él pudo hacerlo.
"Dejalo que es difícil" es la expresión frustrante para una personita que ni siquiera lo intentó. Que le enseñaron a sentirse que "esto no es para él".
"Vos sos un profesor exigente", me dijo hace un tiempo una directora (con minúscula) que conocía mi trabajo en el aula.
Ahora le contesto: la vida no es como la escuela que vos administras. Cuando se vayan de aquí y tengan dificultades en el trabajo, o en la Universidad, no van a encontrar el regazo de la directora que tuvieron para ir a secar sus lágrimas. La puerta de la dirección para ir a golpear solicitando la postergación de aquella prueba escrita. O tantos favores más para "zafar" de una responsabilidad minúscula, pero que es el primer escalón para empezar a conseguir cosas a partir del esfuerzo personal bien entendido.
No los preparan para ese momento.
Así las cosas, es más cómodo solicitar y  ¡conceder! franquicias que a la postre, juegan en contra.
Ayudar siempre, es la tarea del que siente vocación por su trabajo en el aula.
 Regalar, ceder, consentir actitudes muchas veces perniciosas, van en contra de el alumbramiento de capacidades que necesitan ser desarrolladas y acompañadas por la escuela.
Aunque esto sea considerado, equivocadamente, que ...¡puede hacerle mal tanto esfuerzo!

sábado, 29 de octubre de 2011

"¡con mi hija no!"

Hace poco , un padre recurrió a la Justicia para apelar una sanción que la hija había recibido en la escuela. El Juez hizo lugar a lo solicitado por la parte actora y rebocó la sanción impuesta por la escuela.
Desconozco los pormenores. Pero el argumento del Juez pareció ser la extralimitación de la sanción disciplinaria por parte de la autoridad escolar.
Bien. Supongamos que así sea.
Todas las escuelas tienen reglamentos. Esos reglamentos hacen a la vida escolar. Hacen a la organización del trabajo.
¿Qué padre conoce el reglamento escolar a la hora de anotar a su hijo en la escuela?
¿Qué padre se interesa por leer el reglamento escolar impreso en el cuaderno de comunicaciones?
De ser así, correspondería advertir al hijo anticipadamente cuáles son las normas escolares que deberá observar durante su permanencia en cualquier institución escolar.
La formación de un ciudadano comienza desde su niñez. Desde el hogar y después, desde la escuela.
Si queremos ver a un ciudadano ideal a lo que esperamos, por ese camino irían las cosas: hogar-escuela. Pero...
Parece que nosotros queremos que las leyes, los reglamentos, las ordenanzas, las cumplan otros.
Alguien dijo alguna vez:"los argentinos creen que las leyes, son consejos". Genial. Esta reflexión nos pinta de cuerpo entero.
Nos agrada ver condenar a alguien. Nos desagrada cuando los condenados somos nosotros. O, como en este caso, es nuestro hijo. Para colmo, ¡en la escuela!..."pero si en mi casa se porta bien".
Nos cuesta trabajo compartir valores. Es decir, lo que está bien, esta bien "para todos" y lo que está mal,igual.
Funcionamos así. Por eso, "la autoridad" se cuestiona todo el tiempo.
Quizás nos haga falta un "nuevo trato" social. Líderes que ayuden y contribuyan, con sus propias acciones a mostrar el ejemplo de sus conductas sociales a sus conciudadanos.
Sinceramente, no sé. Pero las conductas sociales tienen deformaciones al momento de rendir cuentas de los actos que han merecido la sanción.
Es muy frecuente escuchar los reproches: "mi hijo no se merece estas amonestaciones". Si ha violado un acuerdo institucional a sabiendas, si. Se las merece.

EL DAÑO PSICOLÓGICO

No soy profesional Psicólogo. Por lo tanto no voy a opinar sobre este tema, que no es de mi incumbencia, desde un punto de vista estrictamente profesional.
 Más bien abordaré brevemente este "título" con la curiosidad de un lego. Y opinaré, por todas las dudas que me han surgido a partir del trabajo cotidiano, los riesgos que pueden traer aparejado el darse cuenta, con cierta tardanza, del fracaso escolar de algun niño, niña o adoslescente.
Hace poco me visitó una madre al enterarse que su hijo tenía que rendir mi materia en diciembre. Estaba indignada. Tanto que decidió pedir a la dirección de la escuela que me llamaran la atención por lo que ella consideró que yo había incurrido en un mal desempeño docente.
El alumno, como tantos otros, había tenido una mal desempeño a lo largo de todo el ciclo lectivo. Algunas veces mereció llamados de atención por su conducta escolar.
Sin embargo, la familia, pese a lo malas notas transcriptas en el cuaderno de comunicaciones del alumno, no se acercó a la escuela a interesarse por lo que estaba sucediendo.
En rigor, son contados con los dedos de una mano los padres que alguna vez vinieron a hablar conmigo acerca de la marcha de los estudios de sus hijos.
Esta mamá consideró que su hijo estaba recibiendo un daño psicológico por la mala performance en sus estudios. (¡!).
Pero, ¿cómo evitarlo?
¿Quien puede tener la intencionalidad de provocar un "daño psicológico" a un estudiante?
Más aún, ¿quien de nosotros conoce cabalmente qué cosas ocacionan "daños psicológicos" a un estudiante?
El fracaso en los estudios, o en cualquier otro orden de la vida, no es más que una oportunidad para aprender de la experiencia que ese fracaso nos haya dejado y corregir los desviós con la honestidad de comenzar por reconocer las culpas propias.
La historia del mundo creo, está llena de ejemplos de estudiantes que fracasaron en su vida escolar por diferentes motivos. Sin embargo, algunos de ellos, trascendieron luego, llegando a dejar un legado a la humanidad de sorprendente valor.
¿Por qué?
Precisamente, porque los habían puesto de niños, en el lugar equivocado para sus vocaciones.
La gran mayoría de los estudiantes, al iniciarse el ciclo lectivo, si se les hace la pregunta : "por qué elegiste esta escuela", responde :"porque me anotó mi mamá", o, "porque es la que me queda más cerca de casa".
Hay alumnos que tienen vocación por las artes. Sin embargo están cursando la orientación ciencia y técnica (¿?)
Otros tienen un marcado interés por las matemáticas, y estan inscriptos en humanidades. No son pocos los alumnos amantes de la literatura que se encuentran en la orientación de economía y gestión de las organizaciones(¿?)
O sea, una de las causas del fracaso, el desinterés, el "daño psicológico", es estar sufriendo aquello que resulta una carga muy pesada a la hora de estudiar algo que aborrecen. Que no les llama la atención, que lo tienen que sufrir. Que tienen que cargar con esa cuesta durante los años que les lleve, al fin, egresar.
Recuerdo una vez haber leído en la campera de egresados de un grupo de estudiantes una inscripción en la espalda que rezaba :"Se terminó la condena. Egresados 2005".
Una frase que resumía ciertamente una realidad que fue insoportable : estar en una escuela que no les interesaba.
Cuánto más hubiera sido productivo haber transcurrido el colegio secundario en una institución más acorde a sus intereses y proyectos futuros. Es ahí, donde es importante sentarse a la mesa de casa y tener una conversación mano a mano con él, para evitar en el futuro las consecuencias, si las hay, del llamado "daño psicológico".
Espero que este comentario no le produzca "daño psicológico" a ningún lector. No fue esa la intención.