Hace poco , un padre recurrió a la Justicia para apelar una sanción que la hija había recibido en la escuela. El Juez hizo lugar a lo solicitado por la parte actora y rebocó la sanción impuesta por la escuela.
Desconozco los pormenores. Pero el argumento del Juez pareció ser la extralimitación de la sanción disciplinaria por parte de la autoridad escolar.
Bien. Supongamos que así sea.
Todas las escuelas tienen reglamentos. Esos reglamentos hacen a la vida escolar. Hacen a la organización del trabajo.
¿Qué padre conoce el reglamento escolar a la hora de anotar a su hijo en la escuela?
¿Qué padre se interesa por leer el reglamento escolar impreso en el cuaderno de comunicaciones?
De ser así, correspondería advertir al hijo anticipadamente cuáles son las normas escolares que deberá observar durante su permanencia en cualquier institución escolar.
La formación de un ciudadano comienza desde su niñez. Desde el hogar y después, desde la escuela.
Si queremos ver a un ciudadano ideal a lo que esperamos, por ese camino irían las cosas: hogar-escuela. Pero...
Parece que nosotros queremos que las leyes, los reglamentos, las ordenanzas, las cumplan otros.
Alguien dijo alguna vez:"los argentinos creen que las leyes, son consejos". Genial. Esta reflexión nos pinta de cuerpo entero.
Nos agrada ver condenar a alguien. Nos desagrada cuando los condenados somos nosotros. O, como en este caso, es nuestro hijo. Para colmo, ¡en la escuela!..."pero si en mi casa se porta bien".
Nos cuesta trabajo compartir valores. Es decir, lo que está bien, esta bien "para todos" y lo que está mal,igual.
Funcionamos así. Por eso, "la autoridad" se cuestiona todo el tiempo.
Quizás nos haga falta un "nuevo trato" social. Líderes que ayuden y contribuyan, con sus propias acciones a mostrar el ejemplo de sus conductas sociales a sus conciudadanos.
Sinceramente, no sé. Pero las conductas sociales tienen deformaciones al momento de rendir cuentas de los actos que han merecido la sanción.
Es muy frecuente escuchar los reproches: "mi hijo no se merece estas amonestaciones". Si ha violado un acuerdo institucional a sabiendas, si. Se las merece.
sábado, 29 de octubre de 2011
EL DAÑO PSICOLÓGICO
No soy profesional Psicólogo. Por lo tanto no voy a opinar sobre este tema, que no es de mi incumbencia, desde un punto de vista estrictamente profesional.
Más bien abordaré brevemente este "título" con la curiosidad de un lego. Y opinaré, por todas las dudas que me han surgido a partir del trabajo cotidiano, los riesgos que pueden traer aparejado el darse cuenta, con cierta tardanza, del fracaso escolar de algun niño, niña o adoslescente.
Hace poco me visitó una madre al enterarse que su hijo tenía que rendir mi materia en diciembre. Estaba indignada. Tanto que decidió pedir a la dirección de la escuela que me llamaran la atención por lo que ella consideró que yo había incurrido en un mal desempeño docente.
El alumno, como tantos otros, había tenido una mal desempeño a lo largo de todo el ciclo lectivo. Algunas veces mereció llamados de atención por su conducta escolar.
Sin embargo, la familia, pese a lo malas notas transcriptas en el cuaderno de comunicaciones del alumno, no se acercó a la escuela a interesarse por lo que estaba sucediendo.
En rigor, son contados con los dedos de una mano los padres que alguna vez vinieron a hablar conmigo acerca de la marcha de los estudios de sus hijos.
Esta mamá consideró que su hijo estaba recibiendo un daño psicológico por la mala performance en sus estudios. (¡!).
Pero, ¿cómo evitarlo?
¿Quien puede tener la intencionalidad de provocar un "daño psicológico" a un estudiante?
Más aún, ¿quien de nosotros conoce cabalmente qué cosas ocacionan "daños psicológicos" a un estudiante?
El fracaso en los estudios, o en cualquier otro orden de la vida, no es más que una oportunidad para aprender de la experiencia que ese fracaso nos haya dejado y corregir los desviós con la honestidad de comenzar por reconocer las culpas propias.
La historia del mundo creo, está llena de ejemplos de estudiantes que fracasaron en su vida escolar por diferentes motivos. Sin embargo, algunos de ellos, trascendieron luego, llegando a dejar un legado a la humanidad de sorprendente valor.
¿Por qué?
Precisamente, porque los habían puesto de niños, en el lugar equivocado para sus vocaciones.
La gran mayoría de los estudiantes, al iniciarse el ciclo lectivo, si se les hace la pregunta : "por qué elegiste esta escuela", responde :"porque me anotó mi mamá", o, "porque es la que me queda más cerca de casa".
Hay alumnos que tienen vocación por las artes. Sin embargo están cursando la orientación ciencia y técnica (¿?)
Otros tienen un marcado interés por las matemáticas, y estan inscriptos en humanidades. No son pocos los alumnos amantes de la literatura que se encuentran en la orientación de economía y gestión de las organizaciones(¿?)
O sea, una de las causas del fracaso, el desinterés, el "daño psicológico", es estar sufriendo aquello que resulta una carga muy pesada a la hora de estudiar algo que aborrecen. Que no les llama la atención, que lo tienen que sufrir. Que tienen que cargar con esa cuesta durante los años que les lleve, al fin, egresar.
Recuerdo una vez haber leído en la campera de egresados de un grupo de estudiantes una inscripción en la espalda que rezaba :"Se terminó la condena. Egresados 2005".
Una frase que resumía ciertamente una realidad que fue insoportable : estar en una escuela que no les interesaba.
Cuánto más hubiera sido productivo haber transcurrido el colegio secundario en una institución más acorde a sus intereses y proyectos futuros. Es ahí, donde es importante sentarse a la mesa de casa y tener una conversación mano a mano con él, para evitar en el futuro las consecuencias, si las hay, del llamado "daño psicológico".
Espero que este comentario no le produzca "daño psicológico" a ningún lector. No fue esa la intención.
Más bien abordaré brevemente este "título" con la curiosidad de un lego. Y opinaré, por todas las dudas que me han surgido a partir del trabajo cotidiano, los riesgos que pueden traer aparejado el darse cuenta, con cierta tardanza, del fracaso escolar de algun niño, niña o adoslescente.
Hace poco me visitó una madre al enterarse que su hijo tenía que rendir mi materia en diciembre. Estaba indignada. Tanto que decidió pedir a la dirección de la escuela que me llamaran la atención por lo que ella consideró que yo había incurrido en un mal desempeño docente.
El alumno, como tantos otros, había tenido una mal desempeño a lo largo de todo el ciclo lectivo. Algunas veces mereció llamados de atención por su conducta escolar.
Sin embargo, la familia, pese a lo malas notas transcriptas en el cuaderno de comunicaciones del alumno, no se acercó a la escuela a interesarse por lo que estaba sucediendo.
En rigor, son contados con los dedos de una mano los padres que alguna vez vinieron a hablar conmigo acerca de la marcha de los estudios de sus hijos.
Esta mamá consideró que su hijo estaba recibiendo un daño psicológico por la mala performance en sus estudios. (¡!).
Pero, ¿cómo evitarlo?
¿Quien puede tener la intencionalidad de provocar un "daño psicológico" a un estudiante?
Más aún, ¿quien de nosotros conoce cabalmente qué cosas ocacionan "daños psicológicos" a un estudiante?
El fracaso en los estudios, o en cualquier otro orden de la vida, no es más que una oportunidad para aprender de la experiencia que ese fracaso nos haya dejado y corregir los desviós con la honestidad de comenzar por reconocer las culpas propias.
La historia del mundo creo, está llena de ejemplos de estudiantes que fracasaron en su vida escolar por diferentes motivos. Sin embargo, algunos de ellos, trascendieron luego, llegando a dejar un legado a la humanidad de sorprendente valor.
¿Por qué?
Precisamente, porque los habían puesto de niños, en el lugar equivocado para sus vocaciones.
La gran mayoría de los estudiantes, al iniciarse el ciclo lectivo, si se les hace la pregunta : "por qué elegiste esta escuela", responde :"porque me anotó mi mamá", o, "porque es la que me queda más cerca de casa".
Hay alumnos que tienen vocación por las artes. Sin embargo están cursando la orientación ciencia y técnica (¿?)
Otros tienen un marcado interés por las matemáticas, y estan inscriptos en humanidades. No son pocos los alumnos amantes de la literatura que se encuentran en la orientación de economía y gestión de las organizaciones(¿?)
O sea, una de las causas del fracaso, el desinterés, el "daño psicológico", es estar sufriendo aquello que resulta una carga muy pesada a la hora de estudiar algo que aborrecen. Que no les llama la atención, que lo tienen que sufrir. Que tienen que cargar con esa cuesta durante los años que les lleve, al fin, egresar.
Recuerdo una vez haber leído en la campera de egresados de un grupo de estudiantes una inscripción en la espalda que rezaba :"Se terminó la condena. Egresados 2005".
Una frase que resumía ciertamente una realidad que fue insoportable : estar en una escuela que no les interesaba.
Cuánto más hubiera sido productivo haber transcurrido el colegio secundario en una institución más acorde a sus intereses y proyectos futuros. Es ahí, donde es importante sentarse a la mesa de casa y tener una conversación mano a mano con él, para evitar en el futuro las consecuencias, si las hay, del llamado "daño psicológico".
Espero que este comentario no le produzca "daño psicológico" a ningún lector. No fue esa la intención.
viernes, 28 de octubre de 2011
¡La tecnología...
...bienvenida sea!...en particular aquellas herramientas que contribuyen al acceso al conocimiento y a mejorar la productividad del trabajo del aula.
Pero...
...tambien es bueno aclarar que, buena parte del fracaso escolar y la repitencia, se deben a los elementos de distración que se han instalado en las aulas: telefonía celular, reproductores de audio, cámaras digitales, etc.
Es IMPOSIBLE prestar atención a la explicación del docente mientras se está atento al teléfono celular encendido dentro del aula o con los auriculares en las orejas de los alumnos.
Las malas notas encuentran un justificativo remanido por parte de los alumnos: "yo al profesor no le entiendo".
En realidad debería decirse, "yo no le presto atención".
Es habitual estar hablando en el frente del curso mientras los alumnos leen mensajes de texto (a veces enviados por los propios padres), o seleccionan su música predilecta en el MP3.
Las notas de las evaluaciones en gran parte, reflejan esa distracción.
Los reglamentos escolares en ese sentido son muy claros. Sólo hay que aprender a cumplirlos cuando se ingresa a un establecimiento educativo. Alguien dijo alguna vez que en la escuela es donde se aprende a respetar la ley.
Pero, en esta sociedad del doble discurso permanente, no es extraño que la solución termina siendo demagógica. Es más simpático quedar bien con los padres y con los alumnos.
Así las cosas, el final es tener que pagar innecesariamente a un profesor particular para recuperar lo que no se aprendió en el momento y en el lugar en que podía aprenderse: el aula.
Pero...
...tambien es bueno aclarar que, buena parte del fracaso escolar y la repitencia, se deben a los elementos de distración que se han instalado en las aulas: telefonía celular, reproductores de audio, cámaras digitales, etc.
Es IMPOSIBLE prestar atención a la explicación del docente mientras se está atento al teléfono celular encendido dentro del aula o con los auriculares en las orejas de los alumnos.
Las malas notas encuentran un justificativo remanido por parte de los alumnos: "yo al profesor no le entiendo".
En realidad debería decirse, "yo no le presto atención".
Es habitual estar hablando en el frente del curso mientras los alumnos leen mensajes de texto (a veces enviados por los propios padres), o seleccionan su música predilecta en el MP3.
Las notas de las evaluaciones en gran parte, reflejan esa distracción.
Los reglamentos escolares en ese sentido son muy claros. Sólo hay que aprender a cumplirlos cuando se ingresa a un establecimiento educativo. Alguien dijo alguna vez que en la escuela es donde se aprende a respetar la ley.
Pero, en esta sociedad del doble discurso permanente, no es extraño que la solución termina siendo demagógica. Es más simpático quedar bien con los padres y con los alumnos.
Así las cosas, el final es tener que pagar innecesariamente a un profesor particular para recuperar lo que no se aprendió en el momento y en el lugar en que podía aprenderse: el aula.
miércoles, 19 de octubre de 2011
LA ORGANIZACIÓN (¿?) ESCUELA
Cuando una pieza de la máquina no funciona, la máquina se detiene o deja de funcionar correctamente.
Para llevar a buen término la planificación de una clase, la "organización escuela" es la partícipe necesaria.
Sin el apoyo logístico que le corresponde hacer al trabajo pedagógico del docente dentro del aula, el trabajo del día puede no hacerse, o, hacerse de manera deficiente, improvisada, imprevista y, por lo tanto, de dudosa efectividad en la búsqueda de objetivos de logros.
Sin embargo, parece no comprenderse, o ,peor aún, no prestar la atención que se merece el cumplimiento efectivo de todas y cada una de las áreas de la escuela con responsabilidad en el cumplimiento correcto de una hora de clase.
La atención de la biblioteca, el mobiliario del aula en condiciones, el material didáctico en su debido lugar y orden ( pizarrón, tizas, borradores), la cantidad de sillas y mesas necesarias para la cantidad de alumnos del curso, son sólo algunas de las deficiencias que en algún momento del día, o de la semana, significan interrumpir el dictado de clase para que el docente tenga que abocarse a resolverlo de la manera que pueda, interrumpiendo su función específica, para, recién una vez solucionados los inconvenientes, pueda empezar a dar una clase.
Hay otros obstáculos más que aparecen en el momento menos esperado, y que desvían la atención de quien está a cargo de alumnos y no a cargo de la parte "funcional" de el edificio donde se encuentra la escuela.
No es fácil que las autoridades escolares, con formación pedagógica, comprendan el alcance y la trascendencia que implican una organización funcionando correctamente en todas sus lineas para cumplir adecuadamente con un día de clase.
Precisamente porque minimizan el efecto anímico de los obstáculos a resolver por el docente cuando se le presentan algunos de los problemas comentados u otros peores.
Concurrir a un día de trabajo a cumplir una tarea predeterminada, presupone que todos los recursos humanos y materiales de la organización fueron planificados y puestos a punto para que nada falte al momento de iniciar la labor del día.
La figura del "administrador técnico" escolar es una propuesta que desplazaría al director del establecimiento educativo, en la gestión de los recursos humanos y materiales de la organización-escuela.
Un administrador sin competencia en el área pedagógica. Pero competente en todo aquello que tiene que ver con el cumplimiento adecuado de la tarea pedagógica.
Parece obvio. Sin embargo en forma casi cotidiana y en casi todas las escuelas públicas predomina una idea instalada culturalmente: " esa es tu aula, arreglate como puedas..."
Las funciones entre los miembros de la "organización-escuela" mutan casi en forma constante, al punto de generarse espacios de discusión (las jornadas de capacitación docente, por ejemplo) para tratar de poner en claro "quien tiene que hacer esto".
Por lo general, se trata de problemas muchas veces sin solución de continuidad porque, ORGANIZAR, no es tarea para cualquiera.
Para llevar a buen término la planificación de una clase, la "organización escuela" es la partícipe necesaria.
Sin el apoyo logístico que le corresponde hacer al trabajo pedagógico del docente dentro del aula, el trabajo del día puede no hacerse, o, hacerse de manera deficiente, improvisada, imprevista y, por lo tanto, de dudosa efectividad en la búsqueda de objetivos de logros.
Sin embargo, parece no comprenderse, o ,peor aún, no prestar la atención que se merece el cumplimiento efectivo de todas y cada una de las áreas de la escuela con responsabilidad en el cumplimiento correcto de una hora de clase.
La atención de la biblioteca, el mobiliario del aula en condiciones, el material didáctico en su debido lugar y orden ( pizarrón, tizas, borradores), la cantidad de sillas y mesas necesarias para la cantidad de alumnos del curso, son sólo algunas de las deficiencias que en algún momento del día, o de la semana, significan interrumpir el dictado de clase para que el docente tenga que abocarse a resolverlo de la manera que pueda, interrumpiendo su función específica, para, recién una vez solucionados los inconvenientes, pueda empezar a dar una clase.
Hay otros obstáculos más que aparecen en el momento menos esperado, y que desvían la atención de quien está a cargo de alumnos y no a cargo de la parte "funcional" de el edificio donde se encuentra la escuela.
No es fácil que las autoridades escolares, con formación pedagógica, comprendan el alcance y la trascendencia que implican una organización funcionando correctamente en todas sus lineas para cumplir adecuadamente con un día de clase.
Precisamente porque minimizan el efecto anímico de los obstáculos a resolver por el docente cuando se le presentan algunos de los problemas comentados u otros peores.
Concurrir a un día de trabajo a cumplir una tarea predeterminada, presupone que todos los recursos humanos y materiales de la organización fueron planificados y puestos a punto para que nada falte al momento de iniciar la labor del día.
La figura del "administrador técnico" escolar es una propuesta que desplazaría al director del establecimiento educativo, en la gestión de los recursos humanos y materiales de la organización-escuela.
Un administrador sin competencia en el área pedagógica. Pero competente en todo aquello que tiene que ver con el cumplimiento adecuado de la tarea pedagógica.
Parece obvio. Sin embargo en forma casi cotidiana y en casi todas las escuelas públicas predomina una idea instalada culturalmente: " esa es tu aula, arreglate como puedas..."
Las funciones entre los miembros de la "organización-escuela" mutan casi en forma constante, al punto de generarse espacios de discusión (las jornadas de capacitación docente, por ejemplo) para tratar de poner en claro "quien tiene que hacer esto".
Por lo general, se trata de problemas muchas veces sin solución de continuidad porque, ORGANIZAR, no es tarea para cualquiera.
miércoles, 5 de octubre de 2011
¿quién tiene compromiso?
Hace más de treinta días llevé a la escuela un programa de computación para que mis alumnos puedan trabajar en el gabinete los contenidos del espacio curricular con una aplicación a la informática. Los libros actuales traen en CD aplicaciones útiles que pueden ser trabajados por los alumnos en las computadoras de la escuela. El desarrollo de la hora de clase transcurre así de una manera más amena y novedosa para los alumnos.
El encargado de instalar el programa es el docente designado a trabajar en el gabinete de computación por la Dirección de la Escuela que tiene a su cargo, entre otras funciones, ser el apoyo logístico de los profesores que llevamos a los alumnos a la sala de computación.
¿Es posible que instalar el programa en las máquinas para que los alumnos puedan trabajar, le lleve a este señor, empleado de la escuela, más de un mes de espera?
No menos de cinco veces tuve que pedirle, sin resultados, que ,por favor, acceda a mi pedido, sin resultados.
Que no tiene tiempo. Que se olvidó. Que la próxima semana me ocupo. Y así una larga lista de argumentos increíbles. Sorprendentes. Que dejan al descubierto la falta de atención que se le presta a las sugerencias del docente, por parte de la escuela, para avanzar en el interés de los alumnos a través de nuevas propuestas pedagógicas.
La sensación ,con estos ejemplos, de pelear contra los molinos de viento llegan a percibirla los propios alumnos. Los palos en la rueda al momento de querer avanzar durante el transcurso de la última parte del ciclo lectivo del año están a la vista.
¿Qué hacer?
Pensamos en una estrategia que suele dar resultados. Los alumnos fueron a hablar a la Dirección y pidieron, ellos mismos, que se pueda solucionar este inconveniente de manera que, antes que terminen las clases, puedan conocer los nuevos contenidos que trajo el profesor y que, hasta la fecha, no están instalados en las computadoras de la escuela.
La gestión del docente ante la escuela, no dio resultados. La gestión de los alumnos, si.
Como corolario de este episodio se demuestra con claridad que, las demandas del docente no siempre son atendidas con la debida celeridad y compromiso que requiere una planificación de actividades que tiene como destinatarios y beneficiarios a los propios alumnos. Son ellos los que se llevan una buena o mala impresión de la escuela a la que concurren. Y son ellos, los propios alumnos, los que extraen una rápida conclusión: al profesor no le hacen caso, a nosotros si.
.
El encargado de instalar el programa es el docente designado a trabajar en el gabinete de computación por la Dirección de la Escuela que tiene a su cargo, entre otras funciones, ser el apoyo logístico de los profesores que llevamos a los alumnos a la sala de computación.
¿Es posible que instalar el programa en las máquinas para que los alumnos puedan trabajar, le lleve a este señor, empleado de la escuela, más de un mes de espera?
No menos de cinco veces tuve que pedirle, sin resultados, que ,por favor, acceda a mi pedido, sin resultados.
Que no tiene tiempo. Que se olvidó. Que la próxima semana me ocupo. Y así una larga lista de argumentos increíbles. Sorprendentes. Que dejan al descubierto la falta de atención que se le presta a las sugerencias del docente, por parte de la escuela, para avanzar en el interés de los alumnos a través de nuevas propuestas pedagógicas.
La sensación ,con estos ejemplos, de pelear contra los molinos de viento llegan a percibirla los propios alumnos. Los palos en la rueda al momento de querer avanzar durante el transcurso de la última parte del ciclo lectivo del año están a la vista.
¿Qué hacer?
Pensamos en una estrategia que suele dar resultados. Los alumnos fueron a hablar a la Dirección y pidieron, ellos mismos, que se pueda solucionar este inconveniente de manera que, antes que terminen las clases, puedan conocer los nuevos contenidos que trajo el profesor y que, hasta la fecha, no están instalados en las computadoras de la escuela.
La gestión del docente ante la escuela, no dio resultados. La gestión de los alumnos, si.
Como corolario de este episodio se demuestra con claridad que, las demandas del docente no siempre son atendidas con la debida celeridad y compromiso que requiere una planificación de actividades que tiene como destinatarios y beneficiarios a los propios alumnos. Son ellos los que se llevan una buena o mala impresión de la escuela a la que concurren. Y son ellos, los propios alumnos, los que extraen una rápida conclusión: al profesor no le hacen caso, a nosotros si.
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