miércoles, 5 de octubre de 2011

¿quién tiene compromiso?

Hace más de treinta días llevé a la escuela un programa de computación para que mis alumnos puedan trabajar en el gabinete los contenidos del espacio curricular con una aplicación a la informática. Los libros actuales traen en CD aplicaciones útiles que pueden ser trabajados por los alumnos en las computadoras de la escuela. El desarrollo de la hora de clase transcurre así de una manera más amena y novedosa para los alumnos.
El encargado de instalar el programa es el docente designado a trabajar en el gabinete de computación por la Dirección de la Escuela que tiene a su cargo, entre otras funciones, ser el apoyo logístico de los profesores que llevamos a los alumnos a la sala de computación.
¿Es posible que instalar el programa en las máquinas para que los alumnos puedan trabajar, le lleve a este señor, empleado de la escuela, más de un mes de espera?
No menos de cinco veces tuve que pedirle, sin resultados, que ,por favor, acceda a mi pedido, sin resultados.
Que no tiene tiempo. Que se olvidó. Que la próxima semana me ocupo. Y así una larga lista de argumentos increíbles. Sorprendentes. Que dejan al descubierto la falta de atención que se le presta a las sugerencias del docente, por parte de  la escuela, para avanzar en el interés de los alumnos a través de nuevas propuestas pedagógicas.
La sensación ,con estos ejemplos, de pelear contra los molinos de viento llegan a percibirla los propios alumnos. Los palos en la rueda al momento de querer avanzar durante el transcurso de la última parte del ciclo lectivo del año están a la vista.
¿Qué hacer?
Pensamos en una estrategia que suele dar resultados. Los alumnos fueron a hablar a la Dirección y pidieron, ellos mismos, que se pueda solucionar este inconveniente de manera que, antes que terminen las clases, puedan conocer los nuevos contenidos que trajo el profesor y que, hasta la fecha, no están instalados en las computadoras de la escuela.
La gestión del docente ante la escuela, no dio resultados. La gestión de los alumnos, si.
Como corolario de este episodio se demuestra con claridad que, las demandas del docente no siempre son atendidas con la debida celeridad y compromiso que requiere una planificación de actividades que tiene como destinatarios y beneficiarios a los propios alumnos. Son ellos los que se llevan una buena o mala impresión de la escuela a la que concurren. Y son ellos, los propios alumnos, los que extraen una rápida conclusión: al profesor no le hacen caso, a nosotros si.
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